GlasGLOW a oscuras con la i-Series de Robe

La cuarta edición de GlasGLOW acarició el corazón de todos los que descosieron acercarse a dar un paseo por los Jardines Botánicos de Glasgow en el West End de la ciudad. Un paseo de dos kilómetros de largo recorría varias piezas de escenografía e iluminación narrativa. 

Grant Anderson, diseñador de iluminación del evento, también quiso poner la guinda final desplegando una serie de iPointes e iSpiiders de Robe para aumentar la emoción de la instalación central y el final. 

Grant ya había trabajado con las iPointes para la edición de GlasGLOW3 2020. Como quedó maravillado con los resultados, quiso volver a darles una oportunidad para crear impresionantes efectos de iluminación por la parte final del espectáculo que abarcaba una gran área formada por el césped principal. Grant transformó el césped en un mar de luces pixeladas que podía cruzarse desde sus entrañas por una pasarela central. 

 

Aquí también se desplegaron las iSpiiders, que proyectaron su haz horizontalmente sobre el césped mientras este parecía cobrar vida con los píxeles cambiando de color.

 

Ha sido la tercera edición en que Grant ha participado. Durante sus dos semanas y media de duración, trabajó en estrecha colaboración con el escenógrafo Kenneth Macleod y el compositor Kevin Murray, que compusieron piezas escenográficas y sonoras únicas para el show.

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GlasGLOW 2021 coincidió con la celebración de la COP26 (la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021) que se celebró solo una semana más tarde del comienzo de GlasGLOW. Como tal, el cuidado por el medio ambiente y nuestro planeta también fue uno de los temas principales.

El hilo narrativo de GlasGLOW se centró en derrotar al poderoso y peligroso agente contaminante “Gloop”, que amenazaba con apoderarse de Glasgow. Y aunque al comienzo de la visita, los visitantes tenían la oportunidad de seguir a Gloop por todo el recorrido, no tenían por qué hacerlo, para centrarse más en disfrutar de la escena general del espectáculo. 

Está edición también se diferenció en varias cosas respecto a la anterior; fundamentalmente, materia de restricciones sociales y de seguridad. El año pasado el aforo fue muy limitado y la gente no podía pararse en ningún punto. Este año, después de haber adoptado medidas más flexibles, el número de personas pudo aumentar, dejó de ser necesaria la distancia social, y reabrieron tanto bares como puntos de venta de comida. 

En la entrada se instalaron cuatro iPointes para inaugurar la atracción. Tal fue su éxito el año pasado, que Oli Norman (creador de GlasGLOW), quiso repetir con ellas; así que las instaló a ambos lados de la entrada de los jardines.  

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Otras doce iPointes se dispusieron alrededor del césped para el final de la atracción. Cuatro de ellas se colocaron en las bandas frente al Palacio Kibble, el emblemático vivero del siglo XIX con estructura de hierro y 2.000 metros cuadrados. Estas luminarias se centraron en proyectar haces de luz a lo largo del césped.

Además, producían un efecto alucinante al mezclarse horizontalmente con otros dos grupos de cuatro iPointes (uno colocado bajo un grupo de árboles, y otro en el tejado de otro vivero, con las fuentes ocultas pero los haces completamente visibles).

 

A lo largo del césped se colocaron 18 unidades iSpiider, a ambos lados de la pasarela central. Y otras dos se instalaron en las vigas de la fachada y se emplearon para la proyección de paneles LED

 

Grant usó más de 2.000 equipos de iluminación diferentes (e incluso más, si contamos los píxeles que se extendieron por todo el césped del Jardín Botánico). Toda la iluminación fue controlada mediante dos consolas grandMA2 programadas por Lawrence Stromski desde una cabina FOH 100% equipada. Hubo dos zonas dedicadas a lo largo del camino donde se ejecutó un espectáculo con código de tiempo, mientras que el resto de los efectos de iluminación y las escenas se iban activando por MIDI con la banda sonora. 

Otro de los grandes hitos de la cuarta edición de GlasGLOW fue su bajo nivel de emisiones de carbono. Esto pudo hacerse realidad gracias a que la mayor parte de las luminarias eran LED o de baja potencia, a que los generadores funcionaron con biocombustible y a que, siempre que fue posible, se instalaron piezas o decorado realizado con materiales reciclados o reciclables.

La instalación en el Jardín Botánico dio comienzo unas dos semanas antes del inicio del evento. Entonces comenzó a desplegarse toda la infraestructura, incluida la electricidad, el cableado, los servicios, las oficinas y las estaciones de trabajo. Por su parte, el equipo técnico de producción llegó una semana más tarde. La instalación se completó en tres días, después se produjeron varias sesiones de pruebas de programación para tomar notas e implementar cambios y, finalmente, todo quedó a punto de caramelo para la noche de la inauguración a mediados de la semana siguiente.

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