Durante su debut en Coachella, Muni Long apareció envuelta en un fino tejido dorado con laureles en la cabeza y flanqueada por bailarines en sandalias de gladiador, recreando la imagen de una antigua diosa. Pero ni siquiera una diosa del pop/R&B, por muy premiada que sea, puede detener el sol californiano.
Muni Long arrancó su show en el escenario Mojave a las 16:00, más de tres horas antes del ocaso, por lo que no fue posible recurrir a apagones dramáticos para reforzar su presencia. Para salvarlo, el diseñador Jack Cannon apostó por degradados de luz intensa en lugar de oscuridad, resaltando así los instantes más potentes del espectáculo.
Con el horario que teníamos, luchábamos contra la luz natural, así que no podía confiar en apagones dramáticos. En su lugar, aposté por colores muy saturados y texturas visuales que destacaran incluso a plena luz del día. El estroboscopio solo lo activábamos de forma intencionada, sincronizándolo con los momentos clave para mantener la energía sin forzarla ni diluirla. Con un escenario tan iluminado, mi estrategia fue jugar con el ritmo y la repetición en lugar de contrastes de claro y oscuro. Aunque redujimos la paleta a tres o cuatro tonos, trabajé la profundidad y el contraste, oponiendo fondo a primer plano e intensidad a desaturación, explicó Cannon, de Juliet Blue Creative.

“Muni Long tiene una elegancia natural como intérprete, y yo quería reflejar eso con un lenguaje visual sutil pero rico: algo cinematográfico, controlado y cohesivo", continuó Cannon. "El fondo de cortinas nos permitió enmarcarla con suavidad y escala, mientras que la paleta de color monocromática reforzó la atmósfera emocional sin distracciones”.
Para integrar ese elegante telón en el diseño general, Cannon añadió ocho barras COLORado Solo Bar 6 de CHAUVET Professional que, junto al resto del equipo suministrado por Kinetic Lighting, “fueron clave para conseguir una sensación de verticalidad y dramatismo”, según explicó Cannon.
Se posicionaron al fondo del escenario para iluminar la cortina desde abajo. “Su capacidad para mantener una saturación intensa de color a alta potencia fue esencial, sobre todo con los filtros de escarcha 50/50 que ayudaron a extender la calidad del haz hasta los 9 metros de tela”. También fueron fundamentales en la unificación estética las cuatro luminarias Maverick Storm 1 Hybrid.

Cada Storm híbrido cumplía una función distinta Dos unidades se situaron a media altura, a ambos lados del escenario, para aportar luz lateral a la coreografía y contraluz sesgado en el frente. Las otras dos quedaron al fondo, flanqueando la escenografía de la ‘mano’, un elemento visual clave. El espectáculo arranca con Muni sentada sobre la mano mientras esta gira hacia el público. Gracias a los Storm, junto con la niebla baja y la atmósfera densa, creamos un efecto de gobos y prismas superpuestos que la envuelve en una revelación lenta y onírica, explicó Cannon.
Cannon llegó como diseñador de iluminación, pero acabó asumiendo también la dirección de vídeo y contribuyendo al diseño escénico. Trabajó codo con codo con Ry Christiaansen, Production Manager de 1826; los directores creativos Simon Hammerstein y Jerry Reeve; y la diseñadora escénica Ruby Law.
"Fue un verdadero esfuerzo de equipo", afirmó. "Todos aportaron de forma importante, incluyendo en el apartado de iluminación a Kinetic Lighting, representada por James Schipper y Rachel Barth; Allan Nathan, Lighting Designer de Felix Lighting; el maestro electricista Rhys Morris y su asistente Michael Spross".
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El trabajo en equipo fue fundamental ante los retos del montaje del show de Muni Long. Cannon no dispuso de una franja de programación nocturna, por lo que tanto el equipo como el público vieron las luces finales por primera vez en directo. Además, al tratarse de un espectáculo muy filmado, la presión por clavar cada look a la primera era aún mayor.
Al rememorar su logro en Coachella, Cannon lo sintetiza así: “El espectáculo giró en torno a la profundidad y a una verdadera puntuación emocional. La luz lateral, combinada con niebla baja, creó ‘respiraciones’ visuales: instantes que parecían flotar o esculpirse en el aire. El estroboscopio no buscaba el caos, sino marcar el ritmo y acompañar el lenguaje corporal de la coreografía y la música. De ese modo logramos estallidos de intensidad que siempre resultaron intencionados y elegantes”.
Y, efectivamente, incluso a plena luz del día, el resultado fue un montaje digno de una diosa… o, cuando menos, de una de las estrellas emergentes más radiantes de la música actual.

