Uno de los estrenos más esperados de este otoño es Spinal Tap II: The End Continues. En esta comedia en formato mockumentary, nuevamente dirigida por Rob Reiner, la banda se reúne tras una pausa de 15 años para ofrecer un último concierto.
Cuando la acción se traslada a Nueva Orleans, es para este concierto —celebrado en el Lakefront Arena de la ciudad— donde el diseñador de iluminación Mike Baldassari y su programador Mike Appel asignaron a 24 estrobos híbridos JDC1 originales de GLP una multiplicidad de funciones, incluida la creación de una paleta de color específica para cada una de las canciones icónicas.
La convergencia entre los mundos del concierto y el cine es un terreno familiar para Baldassari, quien puede citar trabajos en teatro —incluido Broadway—, giras de conciertos (Neil Young y Alice in Chains) y un amplio portfolio de cine y televisión al más alto nivel —incluida Rock of Ages— a lo largo de cuatro décadas en la primera línea creativa. “Poder coger la atmósfera de un concierto y capturarla en el cine es emocionante”, afirma. El hecho de haber crecido con las bandas de hair metal de los años 80 fue un incentivo adicional para querer participar en este proyecto.
Su inspiración en esta ocasión surgió de la combinación de formas geométricas, y ahí es donde entraron en juego los JDC1 de formato rectangular. La diseñadora de producción, Michelle C. Harmon, había mencionado que la banda se inspiró en un concierto que realizaron en el Royal Albert Hall de Londres en 1992. “Cuando lo vi en YouTube noté unas pequeñas formas hexagonales en el fondo, a las que me enganché de inmediato”, comenta Baldassari. A partir de esa geometría de seis lados comenzó a jugar con los números.
La banda está formada por tres miembros, lo que se tradujo en una disposición de tres pods a la izquierda del escenario, tres a la derecha y otros tres en la parte superior, reforzada además por la conexión simbólica del número 666 con el heavy metal. A ello se sumaba una forma icónica del rock de los años 80, los marcos hexagonales plateados de gel para parcan, que confirmaron que el hexágono era el elemento adecuado para desarrollar el diseño, complementado con el uso de círculos y potenciado visualmente por el contraste del formato rectangular del JDC1.

Baldassari y Appel se enfrentaron a desafíos no solo por el ajustado calendario, sino también por las importantes restricciones de peso del teatro, que habían quedado comprometidas tras el huracán Katrina; por ello, el enorme videowall de fondo estuvo completamente soportado desde el suelo mediante una estructura de cinco plantas de altura.
Ambos trabajaron durante una semana de previsualización desde sus respectivas bases en Nueva Jersey y Florida, utilizando un programa de gaming llamado Parsec para compartir pantallas de ordenador y programar en una grandMA3. El espectáculo se construyó en Vectorworks 3D y los JDC se operaron en modo píxel completo. “Hay muchas cosas que me encantan de ellos”, señaló. “En primer lugar, los estrobos no son solo blancos, y dentro de este estilo musical era muy importante que cada canción tuviera su propia paleta. Otra gran ventaja”, añadió Baldassari, “es que solo 24 aparatos, estratégicamente distribuidos por todo el escenario, fueron suficientes. Incluso en un rig de ese tamaño, solo 24 JDC1 generan un impacto enorme”.
El icónico Stonehenge —para el que asignó una paleta de color turquesa en los JDC1— requirió un día completo de rodaje. En Spinal Tap II, la banda vuelve a actuar en el propio Stonehenge, esta vez con una réplica de 6 metros de altura, correctamente dimensionada, que se voló en la parte trasera del escenario (con un margen mínimo), regrabando la canción junto a Elton John y otros invitados para resucitar y corregir el clásico error cometido en Spinal Tap I (cuando recibieron uno de apenas 18 pulgadas).
Mike Baldassari también destacó la función de inclinación del aparato: hubo momentos en los que estaba orientado hacia el público, otros en los que iluminaba a la banda desde abajo y luego disparaba hacia el frente. Hay un momento en el que Stonehenge desciende y hay dos JDC1 justo en el centro, entre las dos patas de Stonehenge. Podías inclinarlos hacia adelante y hacia atrás, pero yo hice que realizaran una pequeña ‘danza feliz’, y como estaban en modo píxel completo, Mike pudo darles un bonito destello. Lo que los convierte en un gran proyector es que funcionan de maravilla tanto en los planos generales amplios como en los primeros planos, porque pueden tener un brillo interno; es divertido verlos de cerca.
Por último, insistió en que, siendo el control de las frecuencias de refresco tan crucial en el cine, siempre optaría por el rendimiento garantizado y sin parpadeos de un LED de marca como GLP, en lugar de aceptar un sustituto.
“No pondría nada de lo que no estuviera seguro en una película o programa de televisión sin control del PWM, especialmente cuando se graba con humo y haze, donde cualquier parpadeo se hace evidente”.
Y una vez más, los GLP funcionaron de manera fiable. Suministrados por el proveedor local de Nueva Orleans Ray Ziegler, de RZI Lighting, no fallaron ni un instante.
Fotos cortesía de: Bleecker Street/Kyle Kaplan