En la 79.ª edición de los Premios Tony, Kai Harada llegó a la gala con una circunstancia poco habitual: estaba nominado dos veces en la categoría de Mejor Diseño de Sonido para un Musical, por Ragtime y Cats: The Jellicle Ball, dos producciones apoyadas en sistemas Meyer Sound.
Cuando se anunció que había ganado por Ragtime, la producción del Lincoln Center Theatre que se representa en el Vivian Beaumont Theater, Harada quedó tan sorprendido que durante unos instantes no tuvo claro por cuál de sus dos nominaciones había sido premiado. Con apenas 90 segundos para su discurso y ya sobre el escenario, decidió preguntar antes de comenzar a hablar.
El momento se convirtió en uno de los más comentados de la noche: espontáneo, entrañable y muy representativo de un diseñador que prefiere que su trabajo hable por sí mismo. Fue el segundo Premio Tony de Harada, tras el obtenido por The Band’s Visit en 2018, y culminó una temporada extraordinaria en la que recibió dos nominaciones, por Ragtime y Cats: The Jellicle Ball, ambas producciones realizadas con sistemas Meyer Sound.
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Durante una conversación con Meyer Sound, Harada repasó su trabajo en Ragtime, los desafíos acústicos del Vivian Beaumont Theater y las soluciones empleadas para materializar su propuesta sonora.
Al recoger el premio, reconoció que tardó unos segundos en asimilar lo que estaba ocurriendo. ¿Qué recuerda de aquel momento?
Temía que pudiera interpretarse como un gesto pretencioso, pero la realidad es que no tenía claro por cuál de las dos producciones había ganado. Más tarde, Daniel Radcliffe me comentó que le había parecido un momento entrañable, así que pensé que quizá no había salido tan mal.
Las producciones Ragtime y Cats: The Jellicle Ball, ambas realizadas con sistemas Meyer Sound, presentan planteamientos muy diferentes. ¿Cómo adapta su enfoque de diseño a espectáculos tan distintos?
En la fase inicial, buena parte del trabajo consiste en definir la cobertura y la ubicación de los altavoces. Aunque pueda parecer una tarea técnica, también implica decisiones creativas y una coordinación constante con otros departamentos.
El Vivian Beaumont es un teatro con escenario en tres cuartos, lo que condiciona mucho el diseño del sistema. Antes de Ragtime, solo había trabajado allí en un espectáculo de Mike Birbiglia, con un planteamiento sonoro mucho más sencillo: un micrófono de diadema y algunos elementos de reproducción. En este caso, el reto era muy distinto, porque había que prever cómo respondería la sala ante un reparto de 30 intérpretes y una orquesta de 28 músicos en el foso.
Para diseñar el sistema, partí de la experiencia acumulada en aquel montaje anterior, hablé con el equipo técnico del teatro y planteé una configuración que permitiera trabajar con localización sonora y matrices de retardo según la posición de los actores. Además, sabía que la sala sonaba bien, algo fundamental: si no hay que pelearse con la acústica del espacio, el diseño parte ya con una ventaja importante.
¿Cómo se configuró el sistema Meyer Sound?
Desde el principio tuve claro que el sistema se apoyaría en los altavoces ULTRA-X40. Su principal ventaja es la transparencia y fidelidad del sonido, hasta el punto de que, en ocasiones, resulta difícil percibir que el audio está siendo amplificado.
La configuración final incluyó 16 unidades ULTRA-X40: diez destinadas a cubrir la zona de platea, distribuidas en dos anillos, dos para reforzar el sonido de la orquesta y otras dos ubicadas en los laterales para mejorar la percepción espacial del audio entre los espectadores situados en los extremos de la sala.
La cobertura del balcón se resolvió mediante seis altavoces UPA-2P en la zona frontal y 14 UPM-1P para las áreas posteriores, que también se utilizaron como sistema de monitorización sobre el escenario.
En cuanto a las bajas frecuencias, el sistema incorporó dos unidades 750-LFC suspendidas sobre el escenario, dos subwoofers 600-HP dedicados a efectos sonoros específicos y dos 500-HP instalados junto al foso de la orquesta. El sistema se completó con 14 altavoces MM-4 distribuidos a lo largo del borde del foso para reforzar las primeras filas.
Para el ajuste y optimización del sistema se utilizó la plataforma de medición Meyer SIM3 y seis procesadores Galileo GALAXY 816, cinco en funcionamiento y una unidad de respaldo.
La plataforma Galileo GALAXY desempeñó un papel clave en el proyecto. ¿Cómo la utilizó en esta producción?
Creamos distintas zonas sonoras en función de la posición de los actores sobre el escenario, y los procesadores GALAXY fueron fundamentales para hacerlo posible.
Hay una canción en particular en la que un personaje está situado a la izquierda del escenario, otro en el centro y otro a la derecha. En este tipo de pasajes de contrapunto, conseguir que cada voz mantenga su claridad y separación es uno de los mayores retos desde el punto de vista sonoro.
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Para resolverlo, asigné cada intérprete a un subgrupo específico de la consola y apliqué retardos ajustados a su ubicación en escena. De este modo, el público puede percibir con mayor claridad de dónde procede cada voz, además de una sensación más natural de profundidad y espacio.
De hecho, una de las razones por las que elegí los GALAXY en lugar de los procesadores Galileo estándar fue precisamente su capacidad para gestionar matrices de retardo integradas.
La inteligibilidad es uno de los pilares de sus diseños. En una producción que arranca con 30 intérpretes cantando junto a una orquesta de 28 músicos, ¿cómo consigue mantener la claridad del sonido?
Gran parte de ello depende de la colocación del micrófono. Mi filosofía es bastante sencilla: primero hay que conseguir que el sistema de sonido esté correctamente ajustado y ofrezca una cobertura uniforme en toda la sala. A partir de ahí, si el micrófono está bien situado sobre el actor —normalmente en la línea central del cabello— apenas debería ser necesario aplicar ecualización adicional desde la consola.
El objetivo es que el público escuche la voz del intérprete de la forma más natural posible, sin que el sistema de refuerzo sonoro altere su carácter. Y eso es algo que puedo conseguir con Meyer Sound.
Ragtime permanecerá en cartel hasta el 16 de agosto de 2026 en el Vivian Beaumont Theater del Lincoln Center. El sistema de sonido Meyer Sound fue suministrado por Masque Sound. Junto a Harada trabajaron el diseñador asociado Owen Meadows, el mezclador principal (A1) Lukas Guilbeau y los técnicos de sonido Charles Shell, Jack O’Brien, Colin Braeger y Liam Coyle, miembros del equipo técnico del Lincoln Center Theatre.







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