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Thomas Rex Beverly registra el canto de las ballenas jorobadas en audio inmersivo 3D

Una expedición entre Hawái y la Polinesia Francesa convirtió el océano en un laboratorio de captura espacial: arrays de hidrófonos a medida, monitorización protegida y micrófonos RF para combinar el mundo sonoro situado por encima y por debajo del agua.

El registro de paisaje sonoro suele asociarse a bosques, ciudades o espacios arquitectónicos, pero bajo la superficie del océano se abre un escenario acústico completamente distinto. El grabador de naturaleza Thomas Rex Beverly, conocido por sus trabajos en glaciares, meteorología y árboles centenarios, ha incorporado ahora un cuarto territorio a su archivo: las ballenas. Su objetivo no era únicamente documentar su canto, sino capturar con alta resolución y dimensión espacial la escala real del entorno submarino.

El proyecto se desarrolló en dos campañas. La primera tuvo lugar en Hawái, en febrero de 2025, y funcionó como banco de pruebas técnico. La segunda, en octubre del mismo año, llevó el sistema a la Polinesia Francesa y permitió refinar la geometría del array, el despliegue desde embarcación y la integración entre sonido submarino y captación aérea.

 

El trabajo se apoyó en hidrófonos construidos a medida, auriculares Sennheiser HD 300 PROtect para monitorización y micrófonos de la serie MKH 8000 para registrar el entorno situado sobre la superficie.

 

Sennheiser Thomas 2 HI

 

De la documentación científica a una escucha espacial

Gran parte de las grabaciones de canto de ballena disponibles se han realizado con fines científicos. Ese enfoque prioriza la autonomía y la continuidad -en ocasiones durante meses- antes que la resolución necesaria para una reproducción inmersiva o una escucha de alta definición. Beverly partía de otro objetivo: generar bibliotecas utilizables por diseñadores de sonido de cine, televisión, videojuegos, museos y experiencias inmersivas, donde la textura, el rango dinámico y la posición de cada fuente importan tanto como el hecho documentado.

La primera campaña en Hawái evidenció el potencial y también las limitaciones prácticas de la idea. Beverly construyó un bastidor de PVC de aproximadamente tres por tres metros, con cuatro hidrófonos en la capa superior y otros cuatro suspendidos por debajo para formar un cubo. El conjunto debía descender unos 30 metros bajo el barco. Funcionó, pero el manejo era complejo: cables enredados, oleaje, fatiga durante el montaje y, además, ruido mecánico del propio PVC una vez sumergido. Esa experiencia fue decisiva para rediseñar el sistema antes de viajar a la Polinesia Francesa.

 

Un cubo de siete metros bajo Mo’orea

En la segunda expedición, Beverly eliminó el bastidor independiente y utilizó la propia geometría del velero. Desde una posición central de grabación tendió cables estéreo hacia las cuatro esquinas de la embarcación. Cada cable soportaba dos hidrófonos: uno situado a 25 metros de profundidad y otro siete metros por debajo. El resultado era un cubo de siete metros de lado, sumergido lo suficiente para reducir ruido superficial y desplegable con mucha más rapidez que el prototipo de Hawái.

 

Sennheiser Thomas 3 HI   Sennheiser Thomas 3 HI

 

La escala del array no era arbitraria. Beverly señala que la velocidad del sonido bajo el agua es aproximadamente 4,5 veces mayor que en el aire, con variaciones asociadas a profundidad y temperatura. Esa diferencia obliga a replantear las distancias entre transductores si se busca una imagen estéreo o espacial coherente. Mientras que en tierra puede trabajar con separaciones del orden de decenas de centímetros en un array omnidireccional, bajo el agua la distancia mínima que plantea para obtener una imagen útil se acerca a los dos metros.

La configuración tridimensional cobra sentido porque las ballenas no permanecen en un único plano: pueden distribuirse a gran distancia del barco y desplazarse verticalmente entre aproximadamente 100 y 500 metros de profundidad. Un sistema de ocho hidrófonos permite capturar mejor esa componente vertical y construir una escena en la que los movimientos no se reducen a izquierda y derecha.

 

Sistema submarino

8 hidrófonos a medida distribuidos en una geometría cúbica.

Profundidad

Primera capa a 25 m; segunda capa 7 m por debajo.

Escala del array

Cubo de aproximadamente 7 m de lado en la campaña de Polinesia Francesa.

Monitorización

Sennheiser HD 300 PROtect con limitación de SPL mediante ActiveGard.

Captación aérea

Cuatro Sennheiser MKH 8020 omnidireccionales y un MKH 8018 estéreo como spot.

 

Monitorización y protección durante sesiones nocturnas

La monitorización era especialmente delicada porque muchas sesiones se realizaban de noche, cuando disminuía el tráfico de otras embarcaciones y el fondo acústico permitía trabajar con mayor detalle. En ese contexto, el rango dinámico podía resultar extremo: largos periodos de relativa calma podían interrumpirse de forma repentina por una ballena cantando cerca del velero, por un grupo de delfines o por la actividad intensa del arrecife.

 

Sennheiser Thomas 3 HI   Sennheiser Thomas 3 HI

 

Beverly utilizó los HD 300 PROtect con el limitador de SPL activado. La tecnología ActiveGard está diseñada para atenuar picos súbitos sin cortar por completo la señal. Para un profesional que monitoriza durante horas y, en ocasiones, con niveles elevados para escuchar detalles muy débiles, esa protección aportó margen de seguridad frente a transitorios inesperados. El propio Beverly relata una situación en la que una ballena jorobada comenzó a cantar con fuerza a la izquierda del velero después de un pasaje muy silencioso; con el volumen de escucha alto, el limitador evitó que ese salto de nivel se convirtiera en un riesgo mayor para su audición.

 

Un paisaje acústico que cambia con cada especie

Los resultados también mostraron diferencias significativas entre territorios. En Hawái, Beverly describe escenas con decenas de ballenas jorobadas cantando simultáneamente. En la Polinesia Francesa, en cambio, era habitual escuchar un ejemplar aislado cuya llamada se prolongaba mediante reflexiones a gran distancia. El propio grabador plantea como hipótesis de trabajo que algunos machos podrían escoger zonas con condiciones acústicas favorables -por ejemplo, formaciones similares a cañones submarinos- para potenciar las reverberaciones naturales.

El registro no se limita a las jorobadas. La expedición captó también llamadas de rorcuales de aleta, con mayor peso en bajas frecuencias, y clics de alta frecuencia de delfines y orcas. La presencia de orcas alteraba además el comportamiento del paisaje: cuando una manada transitoria aparecía en la zona y perseguía crías, las jorobadas dejaban de cantar y se ocultaban, mientras que otros cetáceos no necesariamente interrumpían su actividad.

 

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A ello se sumaba el arrecife. Los camarones pistola generan una crepitación intensa mediante chorros de agua a alta presión y pueden dominar el fondo sonoro. Por la noche, Beverly percibía también la actividad de tiburones y rayas. Al alejarse hacia aguas más profundas, ese entramado de sonidos próximos perdía presencia y quedaban en primer plano las llamadas graves y prolongadas de los grandes cetáceos. Algunas se sitúan en la zona de 20 a 80 Hz, una región en la que la experiencia es parcialmente física: determinadas componentes se sienten tanto como se escuchan.

 

Cruzar la frontera entre el aire y el agua

Una de las decisiones más interesantes desde el punto de vista de diseño sonoro fue no tratar el mundo submarino como una escena aislada. Beverly también registró el entorno situado por encima de la superficie para poder combinar ambos planos y reconstruir el contraste perceptivo de estar en medio del Pacífico durante la noche.

 

Para esa capa aérea empleó cuatro Sennheiser MKH 8020, condensadores RF omnidireccionales de la serie MKH 8000 que ya había utilizado en expediciones anteriores. Su bajo ruido propio, respuesta plana y resistencia a condiciones ambientales difíciles resultaban adecuados para el aire salino y las largas sesiones de campo. Como micrófono puntual añadió un MKH 8018 estéreo para fuentes móviles o efectos concretos, como el viento actuando sobre las velas.

 

El interés creativo aparece al alternar ambos mundos. Bajo el agua, el crepitar del arrecife y la lluvia golpeando la superficie pueden adquirir una textura casi electrónica; por encima, la noche puede permanecer relativamente quieta hasta que una ballena rompe la superficie o golpea con la aleta caudal. Al mezclar esos dos planos, la escena deja de ser una simple grabación de fauna y se convierte en una experiencia espacial que sitúa al oyente en un entorno que normalmente permanece oculto.

 

Sennheiser Thomas 3 HI   Sennheiser Thomas 3 HI

 

Aplicaciones para producción, diseño sonoro y experiencias inmersivas

Para el lector profesional de ISP A&L, el interés del proyecto va más allá de la singularidad de grabar ballenas. El caso pone sobre la mesa varios problemas recurrentes en captación inmersiva: cómo escalar una geometría de array cuando cambia el medio de propagación, cómo reducir ruido de manipulación y despliegue, cómo monitorizar con seguridad una escena con un rango dinámico difícil de prever y cómo combinar perspectivas acústicas distintas sin perder sensación de realidad.

También evidencia que la espacialización no aporta lo mismo en todos los entornos. Beverly reconoce que no cualquier paisaje se beneficia de una matriz 3D, pero la movilidad vertical y la dispersión espacial de los cetáceos justificaban aquí el esfuerzo. Ese criterio resulta extrapolable a producción inmersiva, instalaciones expositivas y contenidos experienciales: la tecnología espacial tiene sentido cuando ayuda a representar una característica física real de la escena y no únicamente como capa añadida de espectacularidad.

El resultado de las campañas se ha convertido en una biblioteca de campo destinada a diseñadores y editores de sonido. Para Beverly, sin embargo, el valor del proyecto también reside en escuchar un territorio para el que el oído humano dispone de pocas referencias. Bajo el agua, afirma, los sonidos resultan tan ajenos que la sensación se aproxima a entrar en otro planeta. Esa extrañeza es la materia prima que el audio inmersivo intenta conservar.

 

Claves del proyecto

  • Evolución de un prototipo de PVC difícil de manejar hacia un array de ocho hidrófonos integrado en la propia embarcación.
  • Captación 3D pensada para representar desplazamientos verticales y grandes distancias bajo el agua.
  • Uso de limitación de SPL para proteger la escucha durante sesiones prolongadas y transitorios imprevisibles.
  • Combinación de paisaje submarino y captación aérea para reconstruir una escena espacial más completa.
  • Aplicación directa a bibliotecas de sonido para cine, televisión, videojuegos, museos y experiencias inmersivas.

 

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