Durante un concierto, las manos de Conni Ettinger apenas se detienen. Ajusta niveles, mueve faders, modifica efectos y recorre las capas de la consola como quien interpreta una partitura. Su mezcla no se basa únicamente en escenas, automatizaciones o valores previamente memorizados.
Todo responde al desarrollo musical de cada canción y a lo que está sucediendo sobre el escenario.Para Ettinger, esta forma de trabajar constituye una elección deliberada.
Por supuesto, podría automatizar determinadas partes de la mezcla, pero no quiero hacerlo. Para mí es como tocar un instrumento y formar parte del espectáculo. Prefiero estar interviniendo constantemente en lugar de limitarme a abrir un canal para un golpe puntual de caja. Trabajo mucho con los faders. Hay muchas maneras de conseguir que una mezcla funcione; esta es la mía. La mesa es mi instrumento y trato de tocarla lo mejor posible.
Su planteamiento resume una visión del sonido directo en la que la tecnología actúa como herramienta interpretativa. La preparación resulta esencial, pero la mezcla continúa viva durante todo el concierto.
Los músicos perciben el esfuerzo que has dedicado
Ettinger valora especialmente la continuidad con los artistas. Trabajar repetidamente con una banda le permite conocer su repertorio, entender sus dinámicas y anticipar aquello que cada canción necesita en directo.
«Recibo el repertorio y, aunque haya mezclado esas canciones cien veces, vuelvo a escucharlas antes de la gira. Quiero preguntarme qué puedo añadir para que funcionen mejor. Puede ser un lanzamiento vocal, destacar un pequeño solo, introducir una reverberación o ajustar un delay. La cuestión es qué puedo aportar para que el público abandone el recinto pensando que el concierto ha sido increíble».

Esta preparación no persigue llenar la mezcla de recursos, sino identificar intervenciones concretas que refuercen la intención musical. En su opinión, las bandas perciben cuándo el técnico ha estudiado el material y se ha implicado en la propuesta artística.
«Casi terminas interpretando una parte dentro de la banda. Formas realmente parte de ella a través de aquello que puedes aportar desde la mezcla».
Para los profesionales de FOH, esta relación entre conocimiento del repertorio y capacidad de reacción constituye uno de los elementos que separan una mezcla técnicamente correcta de una experiencia verdaderamente musical.
De la iglesia católica al death metal y el punk rock
En la actualidad, Ettinger trabaja en giras internacionales vinculadas principalmente a estilos de música contundente: punk rock, ska, deathcore y metalcore.
Es el espacio en el que he terminado encontrando mi sitio. Me gusta la música, pero también la gente. Es una comunidad muy abierta, generosa y llena de personas estupendas.
Su entrada en el mundo del audio, sin embargo, se produjo en un entorno muy diferente: una iglesia católica. Cuando era niña ejercía como monaguilla y coincidió con un sacerdote joven que animaba a niños y adolescentes a cantar y probar distintos instrumentos.
Aquellas actividades evolucionaron hasta convertirse en pequeños conciertos con un sistema de PA modesto y una mesa Behringer. Ettinger comenzó entonces a familiarizarse con los cables XLR, las conexiones y los principios básicos de la producción de sonido.
A los doce años grabó su primer CD en el centro juvenil de su localidad y, dos años después, ya disponía de su primera licencia de Cubase. También empezó a desplazarse en tren durante dos horas hasta Viena para observar los conciertos desde una perspectiva diferente: el trabajo de las crews, la técnica, los cambios de escenario y toda la actividad que sucede lejos de la mirada del público.
Fue allí donde comprendió que quería formar parte de aquella industria.
«Eso fue exactamente lo que hice cuando terminé la escuela».
Comenzó ofreciéndose para ayudar, acompañando a profesionales experimentados, observando su trabajo y construyendo progresivamente una red de contactos.
«Esa es, sin duda, una de las partes más importantes. Toda la industria funciona como un gran evento de networking. Cada concierto es una oportunidad para establecer relaciones».
«Toda la industria funciona como un gran evento de networking», afirma Conni Ettinger. Fotografía: Mike Casey.
También hubo oportunidades inesperadas. Cuando tenía 19 años, un compañero de otro compañero enfermó y Ettinger acudió como apoyo. Descargó el remolque, conectó el backline y colaboró en todo lo que fue necesario.
«Después permanecí siete años con aquella banda y terminé trabajando como técnica de front of house».
A partir de ahí llegaron nuevos contactos, trabajos locales en Viena y más giras. Su trayectoria se desarrolló mediante una combinación de preparación, disponibilidad, confianza y capacidad para aprovechar las oportunidades que aparecen en el entorno del directo.
Mezclar la tensión de una canción: «Es como respirar»
Cuando habla de su metodología de trabajo, Ettinger señala rápidamente su preferencia por organizar la mezcla alrededor de los DCA.
«Todo mi sistema está construido de alguna manera sobre esa lógica. Probablemente se deba a que mi formación y mis primeros años estuvieron muy vinculados al estudio. Cuando observo una mesa de mezclas, en mi cabeza veo prácticamente una sesión de Pro Tools».
Su configuración habitual incluye DCA para batería, guitarras, bajo, coros y voces principales. A partir de esa estructura crea una capa central desde la que controla la mayor parte del concierto.
«Tengo un DCA general con todo excepto la voz principal y otro para los efectos. Una vez que he ajustado las señales individuales, voy a la capa de DCA y permanezco allí aproximadamente el 90 % del show».
Desde esa superficie realiza pequeños movimientos que siguen la evolución de cada canción.
«Trabajo con muchas variaciones sutiles de fader para acompañar el arco de tensión. Por ejemplo, puedo bajar el DCA general entre 2 y 3 dB durante un preestribillo y devolverlo a su posición cuando entra el estribillo. Así el público percibe que la canción está viva. Es como respirar».
La misma filosofía se aplica a los efectos. Las reverberaciones vocales no permanecen necesariamente fijadas en un preset durante todo el concierto. Ettinger modifica sus parámetros en tiempo real desde la sección de efectos para adaptarlas a cada pasaje.
El objetivo no consiste en realizar movimientos evidentes, sino en generar contraste, profundidad y sensación de progresión sin que el público sea necesariamente consciente del proceso técnico.
A veces olvidamos para quién estamos mezclando
Esta forma de trabajar conecta con una de sus principales convicciones: la mezcla pertenece al público.
«Dedico todo el esfuerzo posible a mejorar el espectáculo, el sonido y la experiencia de la audiencia. A veces tengo la sensación de que algunos técnicos olvidan para quién estamos mezclando. Estamos allí para el público, no para nosotros mismos».
Por ese motivo, considera imprescindible abandonar periódicamente la posición de FOH y recorrer el recinto.
Hay que escuchar desde las posiciones en las que se encuentra la audiencia, en lugar de permanecer todo el tiempo en nuestro trono de front of house. Debemos hacer todo lo posible para que el concierto suene bien para el público. Eso es, básicamente, lo que trato de hacer.
Para los profesionales de touring y rental, esta observación tiene implicaciones prácticas. La referencia que se escucha en control no siempre representa la experiencia del resto del recinto. La interacción entre cobertura, acústica, densidad de público y geometría del espacio puede modificar sustancialmente la percepción de la mezcla.
Recorrer distintas zonas permite detectar desequilibrios, problemas de inteligibilidad o diferencias tonales que no siempre resultan evidentes desde la mesa.
Técnica y convivencia en gira
Ettinger sostiene que la competencia técnica solo representa una parte del perfil profesional necesario para trabajar en directo.
«Para mí, el nivel técnico y la parte social del trabajo tienen prácticamente la misma importancia».
Una gira implica convivir durante días o semanas en espacios reducidos, trabajar bajo presión y relacionarse con perfiles muy diferentes. En ese entorno, la actitud, la higiene, la gestión del estrés y la capacidad de comunicación pueden ser tan relevantes como el dominio de la consola.
Todos hemos trabajado alguna vez con técnicos malhumorados, con personas que quizá beben unas cervezas de más o que no se toman demasiado en serio su higiene. Cuando tienes que vivir con ellas en un autobús de gira, la experiencia no es precisamente la mejor.
La combinación ideal, señala, es encontrar profesionales excelentes en su trabajo y agradables en la convivencia.
«Además, hay que saber interpretar el ambiente, gestionar diferentes egos y adaptarse a personalidades muy distintas. Si no eres capaz de hacerlo, nunca conseguirás trasladar correctamente tu experiencia técnica».

En producción en directo, la comunicación afecta directamente al resultado. Un problema mal explicado, una respuesta defensiva o una instrucción poco clara pueden generar retrasos y tensiones innecesarias. Por el contrario, una crew cohesionada responde mejor cuando aparecen incidencias.
Nadie me dijo que podía ser ingeniera de sonido
Al recordar sus años escolares, Ettinger destaca la escasa visibilidad que tenían entonces las profesiones técnicas vinculadas al espectáculo.
«Cuando estás en la escuela, el abanico de carreras que te presentan parece bastante limitado. Hoy hemos avanzado, pero cuando yo estudiaba nadie decía: “Puedes ser ingeniera de sonido”. Te hablaban de trabajar en un banco, ser profesora, médica, enfermera o cualquier otra profesión convencional. Nadie explicaba realmente que existían estos trabajos técnicos. Curiosamente, quien sí lo hizo fue un sacerdote católico».
Sus primeros años dentro de la industria tampoco fueron sencillos. Ser joven, mostrar inseguridad o no responder al perfil tradicional de la crew podía convertir a una persona en objetivo de comentarios condescendientes o inapropiados.
«En cada concierto alguien te pregunta si quieres que cargue algo por ti porque pesa mucho. Puede resultar muy frustrante. A veces basta una sola mala experiencia para que una persona decida abandonar y dedicarse a otra cosa».
En su caso, esas situaciones reforzaron su determinación.
«Me generaban la necesidad de demostrar mi capacidad, cargar los elementos más pesados y llegar extremadamente preparada para no dejar espacio a determinados comentarios. Hay que superar esa primera barrera y no es fácil. Terminas trabajando todavía más y demostrando una y otra vez que perteneces a este sector».
Ettinger destaca especialmente el nivel de las mujeres que han logrado consolidarse dentro de la industria.
Las pocas compañeras que tengo son extraordinarias. He conocido a algunas que son sencillamente increíbles y sé que también han tenido que atravesar todas estas situaciones para llegar hasta donde están. Por eso son tan buenas. Tal vez esa sea la parte positiva, suponiendo que pueda existir alguna.
En este contexto, considera relevante la aparición de iniciativas como Women in Live Music en Europa, Sisters of Music en Austria o SoundGirls en Norteamérica. Estas organizaciones ofrecen orientación, redes de apoyo y espacios seguros para quienes buscan desarrollar su carrera dentro del audio profesional.
La confianza se construye trabajando
Para Ettinger, la confianza constituye una herramienta esencial en sonido directo. Sin embargo, no se adquiere únicamente mediante formación teórica.
El salto entre una escuela de audio y la responsabilidad de operar un concierto completo puede ser considerable. El flujo de señal, la interacción con los músicos, la coordinación con producción y la resolución de problemas se aprenden principalmente en situaciones reales.
«El sonido directo es emocionante. Solo tienes una oportunidad para conseguir que todo suene bien, hacer que el flujo de señal funcione y permitir que los músicos den un buen concierto. La canción solo se interpreta una vez».
Por ello, defiende una formación con mayor componente práctico.
«Me gustaría que existiera más educación basada en la experiencia directa. Muchas personas tienen miedo de dar sus primeros pasos en la industria porque no encuentran la oportunidad de adquirir práctica. Sería fantástico disponer periódicamente de talleres o cursos en recintos. Ayudarían tanto a mujeres como a hombres».
La seguridad profesional aumenta con cada montaje, cada prueba y cada incidencia resuelta.
Cuanto más trabajas y más experiencia práctica acumulas, mejor. Cometes errores y atraviesas momentos difíciles en los que algo no funciona, pero aprendes a encontrar soluciones rápidas. Así desarrollas confianza, porque llega un momento en el que piensas: nada puede asustarme ya; puedo gestionar cualquier situación.
Cuando no hay prueba de sonido
Esa confianza también permite afrontar situaciones poco ideales. En determinadas ocasiones, Ettinger puede llegar a decir: «Hoy no hagamos prueba de sonido».
No siempre existe tiempo suficiente. En festivales, una banda puede llegar tarde, faltar parte de los músicos o disponer únicamente de unos minutos para realizar un line check.
Para Ettinger, eso no implica necesariamente que el concierto esté comprometido.
Configuro todo, cargo mi escena y hacemos una comprobación rápida de líneas antes de empezar. Cuando comienza la primera canción, hay que ajustar la mezcla con rapidez. Es un planteamiento muy punk rock, pero confío en mi sistema y en mi equipo.
La preparación previa resulta entonces decisiva. Consola, stagebox, micrófonos, soportes, radiofrecuencias y distribución de señales deben quedar resueltos antes de que la banda suba al escenario.
«En una situación de festival especialmente estresante, quizá lo único que pueda hacer sea dejar preparada la mesa, el stagebox, los micrófonos en sus soportes y las frecuencias inalámbricas. Hay que asegurarse de que toda esa infraestructura funciona».
La construcción real de la mezcla puede comenzar durante el line check y continuar en la primera canción.
«Sé que puede hacerse porque mi sistema y mi equipo son fiables».
Su planteamiento no elimina la importancia de una prueba de sonido completa, pero muestra hasta qué punto la experiencia, la organización del archivo de show y la confianza en el sistema permiten responder cuando la producción no ofrece las condiciones ideales.
En último término, la filosofía de Conni Ettinger combina preparación técnica, conocimiento musical y participación activa. La consola no es únicamente el último eslabón de la cadena de audio. En sus manos se convierte en un instrumento más del espectáculo: uno que acompaña la respiración de las canciones, refuerza su dinámica y conecta el escenario con el público.



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