Para el compositor David Malloy, Guerra y paz es ante todo una gran celebración colectiva de la vida. Sin embargo, como suele ocurrir con la obra de Tolstói, la novela ofrece también un contrapunto íntimo. Malloy la admira porque, junto a su vasto panorama épico, detalla los instantes más personales y las pequeñas interacciones que se dan entre dos seres humanos.
Afortunadamente para los amantes del teatro, Malloy capturó esta dualidad en su aclamada ópera electro-pop Natasha, Pierre & The Great Comet of 1812, basada en un fragmento de setenta páginas de la colosal obra del escritor ruso. Amor, traición, escándalo e iluminación se entrelazan en este musical multigénero.
Quien proporcionó un entorno visual donde este espectáculo diverso pudiera florecer, en una reciente producción del teatro Donmar Warehouse, fue el brillante y versátil diseño de iluminación de Howard Hudson, nominado a los premios Olivier y Tony. Él lo describe así:
El espectáculo es un auténtico collage musical, y eso nos dio libertad para variar la paleta: podíamos pasar de un aspecto clásico y comedido a ráfagas de color intenso que acompañaban los pasajes más eléctricos y modernos de la partitura. Aunque la iluminación se mantenía generalmente poco saturada —a veces solo a la luz de las velas—, de pronto irrumpían explosiones de verde neón, rosa vibrante o rojo sólido durante los momentos operísticos.
Para ayudar a Hudson a cumplir su visión se usaron tres proyectores Maverick Silens 2X Profile de CHAUVET Professional, usados como contraluces, luces laterales altas y para rasgar paredes.
Dado el tamaño reducido del Donmar (251 butacas), cada dispositivo "tiene que trabajar muy duro", señala Hudson. Los Maverick Silens 2X Profile estuvieron más que a la altura: "Nos ofrecieron una luz de gran calidad en un formato compacto", comenta Hudson. "La mezcla cromática era muy uniforme, con una excelente gama de matices desde tintes suaves hasta colores saturados profundos, y con la intensidad lumínica que esperamos hoy. La selección de frost ofrecía lo necesario para una luminaria que debe rendir al máximo en un musical exigente. Además, el rango de zoom me impresionó: entregaba un haz limpio y potente capaz de atravesar el resto del equipo".
Otro punto clave fue su funcionamiento silencioso. "En un espacio como el Donmar, el ruido del equipo puede volverse un problema real. Pudimos poner los Silens en modo ultrasilencioso, y me sorprendió gratamente: incluso los sonidos más sutiles, como las lentes moviéndose o las cuchillas entrando y saliendo, desaparecieron. ¡Era como si no estuvieran ahí!"
En colaboración con el director Tim Sheader y el escenógrafo Leslie Travers, Hudson adaptó su diseño de iluminación al escenario. "Cuando el público rodea tres lados, la luz debe pensarse de forma más escultórica", explica, "así los intérpretes adquieren un auténtico volumen tridimensional".
En un musical inspirado en una novela que profundiza en la complejidad de cada personaje, realzar a los actores con una iluminación tridimensional resulta, sin duda, totalmente acertado.



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